CAPÍTULO I

LOS ARQUITECTOS Y EL DINERO. O la banalización de un sector

La Ley 2/1974, de 13 de febrero, determinaba en su artículo 5.ñ que correspondía a los Colegios de Profesionales como ejercicio de sus funciones entre otras la de: “regular los honorarios mínimos de las profesiones, cuando aquellos no se devenguen en forma de aranceles, tarifas o tasas.”

Pero el 14 de abril de 1997 entró en vigor la Ley 7/1997 que determinaba, entre otras cosas que el ejercicio de las profesiones colegiadas se realizara en régimen de libre competencia, hallándose sujeto, en cuanto a la oferta de servicios y fijación de su remuneración, a la Ley sobre Defensa de la Competencia y a la Ley sobre Competencia Desleal.

Muchos de nuestros compañeros afirman que el 14 de abril de 1997 se produjo una inflexión que ha derivado a la situación que padecemos los arquitectos con nuestros honorarios.

¿Pero cómo se ha llegado al punto en el que nos encontramos ahora?

Con anterioridad a la entrada de la fatídica ley todos los arquitectos tenían una referencia clara y contrastada de que los honorarios mínimos fijados por los Colegios Profesionales les permitían desarrollar su actividad con holgura, valorándose en su justa medida su formación, su responsabilidad y su trabajo. La existencia de dichos baremos satisfactorios hizo que el arquitecto se despreocupara de rentabilizar su negocio, de sacarle el máximo rendimiento a sus honorarios percibidos y en esa línea las Escuelas de Arquitectura nunca transmitieron conocimientos básicos de Dirección de Empresa.

Con la liberalización de los baremos, los arquitectos se encontraron en un mercado de Libre Competencia. Pero una cosa es tener que competir y otra muy diferente es saber hacerlo. Así pues muchos optaron por ofrecer sus servicios por debajo los baremos mínimos; unos inducidos por la sensación de que igual eran excesivos, otros por abrirse hueco en un mercado que empezaba a estar saturado de profesionales,…

Sean estas las razones u otras, muchos arquitectos, ante el nuevo escenario de libre competencia, optaron por reducir precios como sistema eficaz para resultar competitivos, ya que un cliente valora como positivo y diferenciador obtener lo mismo por menos dinero. Pero una vez que todos comienzan a bajar los precios la diferenciación ya no es efectiva a no ser que se vuelvan a bajar dichos precios.

Como resultado final los arquitectos ganan menos igualados por abajo y la percepción de los clientes es que los proyectos valen poco. Volver a subir los honorarios causaría estupor y rechazo entre los clientes.

A este proceso, burdamente explicado, se denomina banalización de un sector. Y a él hemos llegado principalmente por no saber competir en un mercado libre.

Pero hay otras maneras de competir y parece ser que la “letra con sangre entra” y ahora todos nosotros nos encontramos sumidos en plena catarsis, unos diferenciándose con el producto que ofrecen, otros reconvirtiendo su estudio en otras actividades, otros estudiando cómo rentabilizar el estudio de arquitectura,…

De cualquiera de las formas, lo que a mi juicio a día de hoy, es más importante es saber rentabilizar los pocos ingresos que puedan llegar al estudio, sea haciendo proyectos, certificados, ilustraciones, tocando la flauta o cocinando y para eso es fundamental una básica formación en Dirección de Empresas.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

CAPÍTULO II.- EL BENEFICIO. Ese concepto tan deseado.

CAPÍTULO III.- LOS COSTES. Aquello que debemos ajustar.

CAPÍTULO IV.-  ADMINISTRAR UN ESTUDIO. El método.

CAPÍTULO V.- PRIMER EJERCICIO. ¿Qué tipo de arquitecto eres?

CAPÍTULO VI.- LA CONTABILIDAD. Parte fundamental de la administración de un estudio.

CAPÍTULO VII.- EL UMBRAL DE MANTENIMIENTO DE LA ACTIVIDAD.

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Autor y propiedad intelectual:

Rodrigo Asensio Pérez, arquitecto, urbanista, maestro en conservación y restauración del patrimonio arquitectónico y urbano

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7 comentarios en “CAPÍTULO I

  1. Este es un tema Tabú entre los Arquitectos, que bien que lo consideren, creo que lo mas aconsejable es hacer un taller multidisciplinario de construcción,poner una secretaria que cobre el ingreso a cada uno de los receptáculos que necesite el cliente y sobre todo poner el monto de consulta , a todos los profesionales de la construcción, porque todos adolecen de esto , pero sobre todo…ponerse de acuerdo entre todos los Arquitectos del mundo, por ejemplo a cobrar 150 euros, o 150 dolares o 150 bolivianos o 150 reales o 150 soles, LA HORA, como lo hacen los comerciantes que venden cualquier producto, tienen un solo precio en la moneda que sea , esto me parece fundamental, unámonos y pongamonos de acuerdo.
    Impongámonos sobre la consulta privada remunerada, como los abogados, medicos, dentistas, auditores etc.
    Recordemos los años de estudio muy sacrificado, con mucho dinero invertido, que debemos recuperar y que nos debe servir para mantenernos.

    1. En primer lugar María del Carmen, gracias por comentar; ójala este blog pueda llegar a ser un foro abierto a la problemática que rodea nuestra profesión, especialmente en este tema en el que tan poco nos han formado.

      En segundo lugar tienes razón en que el dinero es un tema tabú entre los arquitectos; pero después de la crisis que estamos sufriendo y de ser nuestro sector el más castigado por la falta de trabajo y el aumento del desempleo, espero que seamos capaces de sacarle mayor rendimiento a los pocos ingresos que entren en nuestros estudios.

      En cuanto a lo de los honorarios concertados hay muchos problemas para conseguirlo:
      1.- Los arquitectos tenemos muy poca cultura de colectivo, por lo general somos muy individualistas y de nuevo en nuestra formación nos han hecho adorar al arquitecto genio; por lo que veo casi imposible que más de 20 arquitectos sean capaces de ponerse de acuerdo en cosas tan básicas como esta.
      2.- El sistema económico en el que vivimos está marcado por la libre competencia. Hasta el 97 había unos baremos de mínimos que los políticos se encargaron de erradicar en favor de un mercado de libre competencia. Si hiciéramos algo semejante nos llevarían a los tribunales.
      3.- …

      Al final, lo de cobrar o no cobrar por consulta, dependerá de cada uno y considero que lo más importante para no ser tan insensatos de no cobrar por nuestro tiempo es aprender a valorarlo y a saber cuánto vale nuestra hora de trabajo. Nos falta cultura empresarial. Al fin y al cabo nuestro estudio (sea unipersonal o multipersonal) no deja de ser una empresa y como tal ha de llevarla su gerente.

      Con este CAPÍTULO I y los que vaya publicando con posterioridad intentaré compartir con los compañeros lo poco que yo sé sobre este tema y que me ha ayudado a saber cuánto vale mi hora de trabajo y a partir de ahí ofertar mis honorarios.

      Un saludo.

  2. Cierto, somos individualistas por naturaleza, incluso en la facultad, cuantas veces protegías tus proyectos (o tus ideas) de que otro la copiara? Mientras los arquitectos seamos individualistas o punta de lanza, como leí en un articulo una vez, estaremos siempre fuera del redil.

    1. Qué razón tienes Francisco.

      Debemos dejar de pensar que nuestras ideas son mesiánicas y que salvarán al mundo de su mediocridad y comenzar a compartirlas, ya que la misma idea desarrollada por 100 personas diferentes dará 100 resultados completamente diferentes.

      En los ámbitos de emprendedores exponen y comparten una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, sus ideas y sus proyectos con la intención de recibir críticas, ideas y de someter su idea a la realidad.

      Además ideas buenas hay millones. Lo que no hay tantas son ideas llevadas a buen puerto.

      Muchas gracias por compartir tus opiniones.

      Un saludo

  3. Pingback: ¡¡VAMOS A VER SI NO LA PIFIAMOS!! | TALLER MULTIDISCIPLINAR

    1. Me alegro que sea de utilidad. Si al menos todos los arquitectos domináramos y conociérmos estos conceptos básicos no estaríamos en la situación tan precaria en al que nos encontramos.
      Saludos, gracias y hasta pronto

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