CAPÍTULO II

EL BENEFICIO. Ese concepto tan deseado.

El beneficio ha de ser el objetivo final o razón de ser de un estudio. Y como tal podemos entender que es el dinero que sobra de los ingresos después de pagar los gastos y los impuestos. Pero no olvidemos que los beneficios también pueden ser otras cosas, a veces tan intangibles como EL PRESTIGIO, LA POSICIÓN SOCIAL, LA CALIDAD DE VIDA,…  El beneficio no representa lo mismo para todos; la dimensión subjetiva del beneficio es variable. Pero hoy y aquí lo que nos ocupa es la definición tangible:

INGRESOS – COSTES – IMPUESTOS = BENEFICIO

El beneficio es el motor de una empresa, lo que la hace seguir funcionando, ya que con él se pueden llevar a cabo REINVERSIONES (para mejorar el rendimiento, para expandir la empresa,…) y con él se remunera a los inversores o propietarios por medio del DIVIDENDO. Por lo tanto:

BENEFICIO = DIVIDENDO + REINVERSIÓN

Llegados a este punto es totalmente FUNDAMENTAL distinguir entre BENEFICIO y SUELDO.

Todo aquel que trabaja en una empresa recibe un SUELDO, en función de su labor, de la complejidad de su trabajo, de las horas,…

A todo propietario o inversor de una empresa le corresponde un DIVIDENDO del BENEFICIO.

Si tú eres un arquitecto propietario de un estudio formado por un arquitecto (tú), un aparejador y un delineante, cada uno de los tres ha de percibir un SUELDO en función de su labor, responsabilidad, habilidad, dedicación,… Un SUELDO. Pero a final de año a tí como único propietario de ese estudio te corresponderá un DIVIDENDO del BENEFICIO; INDEPENDIENTE DE TU SUELDO.

Si tú eres un arquitecto autónomo sin gente a tu cargo, te corresponderá un SUELDO por tu trabajo; y a final de año, después de pagar impuestos deberás obtener un BENEFICIO que utilizarás para REINVERTIR en tu estudio y para repartirte DIVIDENDO.

AL ARQUITECTO COMO TRABAJADOR LE CORRESPONDE EL SUELDO

AL ARQUITECTO COMO PROPIETARIO DEL ESTUDIO LE CORRESPONDE EL BENEFICIO

Si tú entiendes que cobrando un sueldo por trabajar en tu estudio es suficiente y prescindes de los beneficios, conformándote con auto-emplearte, no podrás hacer frente a nuevas inversiones en el estudio que te aseguren su sostenibilidad a lo largo del tiempo, o si reinviertes ese dinero saldrá de tu cuenta particular y no de la del estudio.

Todavía peor es no fijarse un sueldo por tu trabajo y esperar a final de año para ver qué ha quedado de los ingresos después de pagar costes e impuestos, ya que posiblemente dicha cifra sea baja, nula o incluso negativa.

Por lo tanto, tú, como arquitecto has de percibir un SUELDO por tú trabajo. Y tú, como inversor y propietario habrás de asegurarte de que la empresa acabe el año con BENEFICIO para poder REINVERTIR en la empresa y poder obtener un DIVIDENDO.

A la vista de lo anterior podremos concluir que el BENEFICIO es imprescindible; ya que con él procederemos a REINVERTIR en nuestro estudio para hacerle crecer (esto es una reserva financiera que aumenta los fondos propios)  y podremos recompensar a aquellos que han confiado en nuestro estudio mediante el DIVIDENDO.

LAS VARIABLES DEL BENEFICIO:

Para concluir vamos a ver cuáles son las variables sobre la que podemos trabajar para controlar el BENEFICIO.

Si dijimos que INGRESOS – COSTES = BENEFICIO, pues las variables serán el volumen de encargos y el precio de los mismos (dentro del apartado ingresos) y los gastos y amortizaciones (dentro del apartado de costes).

El volumen de encargos se modifica aplicando técnicas de marketing.

El precio de los encargos (honorarios) lo estudiaremos más adelante.

Los costes (gastos y amortizaciones) lo veremos en el próximo capítulo.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

CAPÍTULO I.- LOS ARQUITECTOS Y EL DINERO. O la banalización de un sector.

CAPÍTULO III.- LOS COSTES. Aquello que debemos ajustar.

CAPÍTULO IV.-  ADMINISTRAR UN ESTUDIO. El método.

CAPÍTULO V.- PRIMER EJERCICIO. ¿Qué tipo de arquitecto eres?

CAPÍTULO VI.- LA CONTABILIDAD. Parte fundamental de la administración de un estudio.

CAPÍTULO VII.- EL UMBRAL DE MANTENIMIENTO DE LA ACTIVIDAD.

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Autor y propiedad intelectual:

Rodrigo Asensio Pérez, arquitecto, urbanista, maestro en conservación y restauración del patrimonio arquitectónico y urbano

Contacto:

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6 comentarios en “CAPÍTULO II

  1. Huichilobos

    Me parece pertinente esta aclaración que haces: “Pero no olvidemos que los beneficios también pueden ser otras cosas, a veces tan intangibles como EL PRESTIGIO, LA POSICIÓN SOCIAL, LA CALIDAD DE VIDA,…”. Es como cuando se dice que el ser humano se mueve por interés y, automáticamente, se piensa en el interés económico, como si coleccionar sellos no pudiera ser también objeto del interés de alguien.

    Discrepo parcialmente; el beneficio de una empresa puede y debe ser visto también como el precio que el/los propietario/s de la empresa perciben por el riesgo que asumen. Si en el ejercicio x tienes un impago, es probable que en el ejercicio x+1 no puedas plantearte reinvertir. De hecho, es posible incluso que en el ejercicio x+1 no tengas ni empresa, ni empleados.

    Un pequeño apunte económico: la diferenciación entre beneficio y sueldo; en teoría económica pura, el sueldo es la parte de la riqueza generada en una actividad económica que se asigna a las rentas del trabajo, y el beneficio es la parte de Idem que se asigna a las rentas del capital; la forma de distribuirse entre unas y otras depende fundamentalmente de la coyuntura económica, y el hecho es que en un mercado libremente competitivo (es decir, donde existe la competencia perfecta), las rentas de capital, o sea, el beneficio, tienden a 0. O sea, lo mismo que dices que os ha pasado a los arquitectos desde que se liberalizó el sector.

    1. Estimado Huichilobos
      Agradecerte sobremanera tus acertados comentarios
      Tienes razón en que el beneficio también puede ser cosas intangibles, así lo creo yo, pero en este capítulo y por concretar en un bien tan escaso en estos tiempos como el beneficio monetario lo he reducido a esto.
      Completamente de acuerdo con tu discrepancia. Así se entiende en nuestro sector, ya que los arquitectos percibimos no sólo el riesgo económico que tú apuntas, sino que también percibimos el riesgo de acabar en un banquillo en un tribunal frente a un juez. Está claro que el beneficio debería satisfacer el riesgo del capital (como mínimo).
      Un saludo y agradecimientos de nuevo.

      1. huichilobos

        Teóricamente, el riesgo penal lo corre todo aquel que es administrador de una empresa como consecuencia de cualquier agravio que haya podido causar a otros en el desarrollo de su actividad, siempre que dicho agravio supere cierto umbral.

        En la práctica, tenemos un país de m. donde a quien mejor le va es a aquel a quien mejor se le da ejercer de sinvergüenza. Empezando por la clase política, of course.

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